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  • La vida cristiana según san Hilario

    Para Hilario, en el bautismo los fieles son renovados y separados del pecado por la fuerza del Verbo, que lleva al cuerpo a adquirir la naturaleza del alma. A partir de ese momento, el alma y el cuerpo del hombre nuevo comienzan a tener un mismo querer en la unidad del Espíritu, aunque en esta vida todavía subsiste la lucha contra las malas inclinaciones innatas. La potestad del Verbo salvará a quienes estén dispuestos a perder la vida por Cristo y se asemejen a él para recibir la gloria. Los fieles han de comportarse como ministros y servidores, porque a los humildes pertenece el Reino de los cielos. Mientras llega la gloria, este tiempo de la penitencia los creyentes lo viven con la esperanza a la que todos los hombres están llamados, sabedores de que es justo entregarse totalmente a Dios, siguiendo la verdad y sintiéndose libres ante quienes puede matar el cuerpo, así sean las autoridades temporales, gracias al Espíritu Santo.

    Los creyentes, para reconocer a Jesús y actuar según sus dones, han recibido el Espíritu Santo sin el cual al alma le faltaría la luz del conocimiento divino que debe pedirse en la fe y en la observancia de los preceptos, ya que el obrar cristiano tiene su origen en el Espíritu Santo que procede del Padre por el Hijo y es también, como ellos, sujeto de la eficiencia divina. Habiendo reconocido que Dios está en Cristo rey, el unigénito que excede toda fuerza y potestad y es capaz de cumplir su esperanza, viven conscientes de que la salvación está en confesarlo como Rey de los siglos eternos. Esta salvación se lleva a cabo en un proceso eclesial y personal de tres etapas: el renacimiento como hombre nuevo, la sucesiva conservación del Reino y finalmente la entrada al Reino del Padre por medio del Hijo.

    Para nuestro autor, reyes son los que entienden las cosas superiores y en quienes Cristo reina porque han vencido al pecado y reinan en sí mismos, convirtiéndose en sus coherederos porque lo han reconocido como unigénito y como rey. Son hombres espirituales porque por medio del Espíritu han entendido el triunfo de la cruz y la fuerza de la resurrección. Ya que el Verbo ha asumido la humanidad pero cada uno puede separarse por la infidelidad, lo más importante para los fieles es buscar el Reino, que es Jesús mismo, fuerza de Dios, permaneciendo en la inocencia de un niño.

    El reinado de Cristo comienza ya en esta tierra. Él es Rey de los siglos porque su reinado en el cuerpo ha comenzado y durará por siempre. No obstante, los cristianos han de luchar cotidianamente contra el demonio y vencerlo con las fuerzas de Cristo; así, la luz de los santos permanecerá hasta que todas las cosas comiencen a servir a Dios. Ellos realizan obras de misericordia y hacen presente el Reino de los cielos con el adorno del nacimiento regio, que es la humildad, porque el que quiera ser el mayor debe hacerse el servidor de todos.

    Que el nombre de Dios sea santificado en los fieles es el significado de la petición en la oración dominical. Así, la santificación es entendida como presencia del Reino en los creyentes con la que se les concede la sustancia de la eternidad. Consecuentemente, la actividad de los fieles debe ser santificar el nombre de Dios, su esperanza el Reino y su voluntad rendirle alabanza eterna.

    Hilario enseña que los santos asumirán la potestad y juzgarán al mundo. Sobre ellos, dispuestos a soportar la persecución no pueden triunfar los pecadores ya que cuentan con la defensa de los ángeles. Por ahora, sus almas son colocadas en el seno de Abraham mientras llega el momento de reinar conformándose a la gloria de Cristo.

  • Aspectos del bien común

    El ser humano naturalmente busca la perfección que significará también su felicidad, pero siendo social por naturaleza, es decir, que así está constituido en su propio ser, la perfección y felicidad que busca implica el aspecto social. Un individuo humano no puede llegar a la propia plenitud si no es en la sociedad en que se desarrolla, lo cual nos lleva a la necesidad de perfección de la sociedad y, ya que a lo que perfecciona lo llamamos bueno, a que el bien personal requiere no solo del bien del individuo, sino también del bien de la sociedad. A este último lo denominamos bien común, y consiste en las condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección.


    Las condiciones para el desarrollo de las personas y de las entidades sociales que ellas forman pueden variar en el tiempo y los lugares. En efecto, el bien común en los tiempos actuales no coincide del todo con el que las sociedades buscaban hace veinte siglos, por ejemplo. Sin embargo, los hombres, sus culturas y las sociedades a las que da lugar poseen ciertos rasgos comunes que derivan de lo que somos como seres racionales, que formamos un especial conjunto entre los seres vivos.


    Algunos rasgos del bien común pueden establecerse a nivel ético y moral, sin que ello obste a una variada posibilidad de realización concreta. Así, puede decirse que el bien común comprende en primer lugar el reconocimiento de la dignidad de las personas, de la solidaridad que debe animar sus relaciones y del sentido de los bienes que se necesitan. El bien común también comprende el desarrollo de la familia, compuesta esencialmente de padre, madre e hijos y que es la célula básica de la sociedad. Con ésta se relaciona la dimensión educativa, de la cual los padres son los primeros responsables pero donde necesitan el auxilio de otras instancias sociales, como las escuelas.


    El bien común comprende además que los miembros de la sociedad tengan acceso a un trabajo digno que les permita satisfacer las necesidades no nada más personales, sino de las familias, y puedan gozar del debido descanso para la convivencia y para el desarrollo y bienestar religioso y cultural. En el campo económico pueden existir propuestas diversas, como de hecho se dan, pero para el bien común es importante que se de una justa libertad en marco jurídico que permita a todos el acceso a los bienes.