
Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos. El camino de la vida es este: «Ama en primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas a otro.» (La Doctrina de los 12 Apóstoles, 1-2).
Como un eco de las enseñanzas de Cristo, la Didajé, o Doctrina de los 12 apóstoles,una obra del siglo I d. C., hablaba del camino de la vida en contraste con el de la muerte. En nuestra vida hemos de buscar el buen camino a través de nuestras palabras y nuestras acciones.
Entre las promesas del padre de familia a su hijo pequeño, en los textos nahuas, se halla la de cuidarlo gracias al dueño de la cercanía y la inmediación (Dios) y la de mostrarle el camino recto, es decir, el camino del bien, el buen camino que puede decirse melāhuac ohtli o cualli ohtli:
Inic zan ye tictocaz immelahuac ohtli, in quitoca in aquique in huel toptin, in huel petlacaltin in tlaltipac, yhuan in aquique in huel teixtli, tenacazti, in huel intech netlacaneconi, auh in huel imihtic tlalilo in cozcatl, in quetzalli, in chalchihuitl (Andres de Olmos (recopilador). Huehuetlatolli).
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Pedro Miguel Funes Díaz CC